Y tus manos, montañas

Gaudencia Yupari
Patricia Rengifo
Curated by Camila Palomino
(Download Press Release)

Pájaro montaña (ser, aire y roca) , 2023
Monotipia sobre papel artesanal
12 x 17 cm

y tus manos, montañas es una muestra colectiva que reúne obras de Pierina Másquez, Patricia Rengifo y la maestra Gaudencia Yupari. A través de distintas miradas y lenguajes artísticos, las tres reflexionan sobre la relación entre cuerpo, territorio y memoria. En sus trabajos, el duelo se despliega como un tejido de experiencias: la pérdida familiar, la violencia política y ecológica, y la migración. Desde allí se construyen narrativas que dialogan con la tierra, abriendo caminos hacia la resistencia y la sanación a partir de los linajes familiares y territoriales.
El título proviene de un verso de Lourdes Aparición, poeta y psicóloga, dentro de su poema “Nueva nacimiento” de su poemario Apacheta (2021). Allí, Aparición teje reflexiones sobre la memoria y la migración, sobre fundir el cuerpo con la tierra y crear pertenencia. Desde Lima, cada artista crea desde una relación profunda con las tradiciones de sus territorios natales, transformando sus vivencias en reflexiones íntimas y corporizadas. Como señala la teórica aymara Silvia Rivera Cusicanqui, es necesario contar nuestras propias historias y memorias, “con las sangres que nos habitan, con los entornos y con los paisajes”. Siguiendo esa idea y su resonancia con el verso de Aparición, la muestra reúne obras que entrelazan cuerpo y paisaje en relatos donde la memoria se disuelve y se reconstruye. Entre las piezas, conviven duelo, resistencia y celebración, despertando un diálogo de transformación colectiva.

Pierina Másquez (Chiclayo, 1992; radicada en Lima) presenta una serie de obras nacidas del duelo tras la muerte de su padre en 2022. Como cuenta la artista, tras la pérdida, comenzó a encontrarse con él en sueños, donde se abre un paisaje íntimo y desconocido. En los monotipos El aquí y el ahora y Autorretrato (Uku), Másquez ilustra vislumbres de este mundo interno: dentro de siluetas oscuras se transforman rostros en plantas y paisajes. Pensando en los sentimientos de Silvia Rivera Cusicanqui, la memoria para Másquez se extiende más allá del cuerpo, es algo encarnado y simultáneo en la tierra y paisaje. En el monotipo Semilla (Casa 4), la artista traza un psico-cartografía—un mapa de este espacio-tiempo donde se encuentra con su padre se convierte en semilla que se vuelve montaña, simbolizando la flexibilidad y capacidad regeneradora de la tierra.

Másquez se identifica como una artista que trabaja con sus manos, y a través de lo manual, mantiene una continuidad con su linaje familiar. En El baile del sol y la sombra, la artista realiza un altar de ofrendas cerámicas siguiendo el consejo de sus abuelos en Chiclayo, transmutando su dolor en objetos para su padre. Para esta muestra, ha desarrollado una nueva serie de ofrendas dedicadas a sus abuelos. Dos pies hechos de cerámica junto a dos mitades de loches crean una coreografía entre la artista y su abuelo y los rituales de cosecha de su chacra. Tanto en los monotipos como en las cerámicas, Másquez muestra la transmutación del duelo, revelando ciclos de vida y transformación constante entre la tierra y el cuerpo.

Gaudencia Yupari Quispe (Sarhua, 1965; radica en Lima) es maestra de tejidos, tablas de Sarhua, y de musica andina. Desde los 1980’s, Yupari trabaja en Lima donde migro con su esposo, también un maestro pintor de Sarhua. En Puente Colgante de Pichus (2025), Yupari plasma una de las últimas memorias antes de la migracion: el puente colgante que conecta Sarhua con Huamanga. Esta pieza celebra simultáneamente la tradición ancestral sarhuina que recrean el puente a mano, y el dolor de no saber cuando volverás. En años recientes el puente quedó fuera de uso tras la construcción de uno de metal. Yupari, al plasmar su memoria, incorpora capas de naturaleza y paisaje que acompañan la narrativa. Sarhua, pueblo de la región de Ayacucho, está rodeado de apus—es una comunidad en las palmas de cerros. Asimismo, la maestra enmarca su recuerdo con cintas de montaña tejidas en tela tradicionalmente usadas para polleras; dichas telas reproducen la flora típica de su territorio, creando una visión armónica de la relación entre personas y naturaleza en la construcción de recuerdos.

En describir la obra de su madre, la artista Violeta Quispe explica que en los bordados y pinturas, la maestra sostiene la tierra y la naturaleza como testigos de la memoria. Así como los cerros enmarcan las narraciones que la maestra pinta y borda, la tierra no solo observa los ciclos de vida, sino que participa íntimamente en la narración de experiencias y memorias, tanto individuales como colectivas. En un nuevo cuerpo de obra, Yupari aborda la violencia política del conflicto armado que azotó Sarhua. Cawsanapaq Astacui (2025), muestra una figura femenina entre militares y senderistas, en un momento de presión entre ambos lados. En Manan Pipas Yachanchu Imapas Pasasqamta (nadie sabe lo que pasó)(2025), interpreta la historia de una mujer sarhuina encontrada muerta, sin certeza de si fue feminicidio o suicidio. A través de estas historias de violencia estructural, Taita Sacha (Padre árbol de Sarhua) (2025) muestra una mujer sentada debajo de un árbol, creciendo raíces con su tierra y encontrando reconciliación. Complementando estas piezas en madera, Apamuy Ruquchayta (2025) es un sombrero tradicional sarhuino trabajado a mano por la maestra. Hecho con bordados de flora, fauna, y colores representando la abundancia de Sarhua, dentro de la comunidad, se preserva no sólo la tradición sino también la conexión del territorio con el cuerpo.

En Onisti (2025), la pieza más reciente de la artista Shibipo-Konibo Patricia Rengifo (Yarinacocha, 2000; radica en Lima), la artista emplea el huito, una tinta natural de la selva, y arena recogida en las playas de Chorrillos. Con estos materiales propios de su entorno, Rengifo plasma una visión de la migración hacia la capital. Al lado izquierdo, la artista representa varios familiares en forma de peces, procesando el duelo de haber perdido algunos en el último año y añoranza de estar lejos de otros. Su padre, un maestro pintor, aparece sosteniendo un cuadro; su abuela, maestra ceramista, lleva cerámicas en la mano, su hermano caminando con mochila, y su madre lleva collares y cerámicas hechos por su abuela. En el panel de la derecha, Patricia se autorretrata usando falda tradicional mientras en la ciudad, rodeada por paisajes diarios de Chorrillos y extendiendo su mano a las personas nuevas que ha conocido. Usando materiales naturales y de su entorno, Rengifo marca una simultaneidad: un duelo que refleja estar presente en dos lugares a la vez, mostrando que la pertenencia y la pérdida pueden existir a la misma vez.

A través de la pintura, Rengifo representa visiones de la lucha de proteger la selva, sus territorios y tradiciones. En Minga (2025), la artista retrata un esfuerzo colectivo de armar una canoa entre comunidades, una escena que no ha sido presenciada con sus propios ojos, sino que le llegó a través de los relatos de su pareja, quien le ha transmitido la memoria de esa práctica ancestral. El sufrimiento de la madre selva emerge de una advertencia que siempre decía la abuela de Rengifo, urgiendo que siempre mantengan los terrenos de la comunidad para protegerse contra las industrias extractivas. Rengifo plasma un paisaje que contiene esa urgencia y contradicciones, un paisaje bella y expansivo contrastado por los procesos de extracción que la amenaza—lo que la artista llama el llanto de la selva.

En el horizonte, en tono neutro aparece la presencia de la tala ilegal invadiendo las casas. Alrededor, en colores vivos, se sienten las reverberaciones de ese daño al territorio: los árboles lloran, y los animales buscan refugio. Un rostro compuesto por siluetas de caras simbolizan la fuerza colectiva de los líderes de pueblos originarios contra defensores de la selva. Todo ocurre bajo el sol y la luna, recordando el dicho de su abuela quien advertía que los enemigos podrán llegar de día o de noche—siempre hay que estar alertas. El incendio (2024) también toma esta violencia ecológica, y Rengifo plasma otro llanto. Creada usando imágenes que veía desde Lima de los incendios forestales, la artista transmuta el dolor de estar lejos frente a la devastación. Animales desesperados buscan a sus familias, y humanos angustiados miran el fuego mientras la tortura a los arboles se siente a través de rostros adoloridos, y la angustia de los humanos que buscan agua. Estas imágenes recuerdan a la abuela de la artista quien decía que los animales y plantas sienten la violencia hacia la tierra tanto como los humanos. Con una riqueza de símbolos y figuras, Rengifo refleja una continuidad de sensación y lucha entrelazada entre territorios y seres, y un deseo hacia una memoria y lucha colectiva.